
¿POR QUÉ DESCIENDE NUESTRO ESTADO DE ÁNIMO DESPUÉS DE LAS VACACIONES? UNA MIRADA PSICOLÓGICA AL BAJÓN POSTVACACIONAL
El bajón anímico postvacacional es más que una simple tristeza por el fin de las vacaciones. Se trata de una respuesta psicológica a la desconexión entre las expectativas idealizadas de las vacaciones y la realidad cotidiana, que está amplificada en muchas ocasiones por una falta de propósito e insatisfacción con el significado de nuestro día a día. ¿Te habías preguntado alguna vez porque algunas personas sufren bajón postvacacional y otras no?
Cambios abruptos.
Las vacaciones rompen de manera brusca con el ritmo rápido de trabajo en el que nos vemos sumergidos. Cuando descansamos desconectamos para conectar: conectamos más con nosotros mismos y con actividades placenteras que muchas veces no nos permitimos en nuestro día a día, también disfrutamos de un horario más relajado y acorde a lo que necesitamos para un buen autocuidado emocional. Este cambio en la estructura diaria proporciona una sensación de libertad y bienestar que vuelve a romper cuando volvemos a la realidad. Cuando nuestra rutina es exigente, está cargada de obligaciones, estrés o poco autocuidado emocional, es normal que exista más sufrimiento de cara al final del período vacacional. Se trata de una señal del cuerpo ante la aproximación del inicio de responsabilidades que ya no podemos soportar, o que están siendo demasiado.
Discrepancias entre las expectativas y la realidad de las vacaciones.
El período vacacional es visto como un escape, una oportunidad para vivir experiencias perfectas y recargar energías tal y como muestran las redes sociales. Este tiempo fuera de la rutina se idealiza, lo que puede llevar a la creencia de que las vacaciones serán un momento perfecto en el que todos los problemas y tensiones desaparecerán temporalmente. Sin embargo, al regresar, las demandas o problemas existentes antes de irse, no sólo no desaparecen sino que podrían incluso aumentar, generando mucha frustración. Si una persona estaba experimentando estrés laboral, conflictos personales o insatisfacción general antes de las vacaciones, al volver a tomar contacto con estos desafíos podemos sentirnos incluso más pesados.
Además, las redes sociales cargadas de imágenes de vacaciones perfectas, playas paradisíacas, paisajes impresionantes y experiencias memorables, refuerzan la idea de que este respiro tiene que ser un periodo de máxima felicidad y satisfacción. Cuando la realidad es que muchas veces estamos tan sobrecargados de las 48 semanas anuales de trabajo que no hay vacaciones que arreglen este quemado que, en ocasiones, se lleva gestando desde hace años, lo cual genera un sentimiento de decepción y vacío que se hace más y más grande con el paso del tiempo, de las siguientes vacaciones y de los problemas de la vida real que no se solucionan.
Falta de propósito y significado en la vida cotidiana.
El problema no reside en lo que hacemos durante nuestro período vacacional, sino en lo que NO hacemos el resto del tiempo que dedicamos al trabajo. Durante las vacaciones, las personas a menudo se permiten disfrutar de actividades que les apasionan, conectan con seres queridos y encuentran tiempo para la reflexión personal y autocuidado emocional. Sin embargo, al regresar a la rutina, muchas de estas actividades significativas se ven desplazadas por las obligaciones diarias. Este cambio puede resaltar una carencia de propósito en el día a día, llevando a una sensación de vacío.
Cuanta más distancia exista entre la satisfacción sentida durante las vacaciones en comparación a la satisfacción que sentimos con nuestra rutina, más frustración e insatisfacción general. Por lo tanto, el malestar que surge tras las vacaciones puede ser una señal de que es necesario reevaluar-se. El cuerpo nos está indicando que algo no está funcionando bien.
¿CÓMO PODEMOS AFRONTAR LA VUELTA?
Afrontar esta bajada anímica no es sencillo, pero existen algunas estrategias que pueden ayudar:
- En primer lugar, es importante planificar un regreso gradual a la rutina, evitando sobrecargarse de inmediato con todas las responsabilidades.
- Si has salido de viaje, es importante regresar con unos días de antelación previos al inicio de nuestras obligaciones, la mente necesita aceptar con tiempo.
- También es útil ajustar las expectativas sobre lo que las vacaciones pueden y no pueden resolver. Las vacaciones son un momento de descanso, pero no necesariamente la solución a problemas más profundos.
- Introduce en tu rutina actividades que te han dado calma y satisfacción durante el período vacacional, no tienen que ser grandes cosas, sólo pequeños gestos.
- Sé amable contigo mismo y no te castigues por sentirte así, implementa la curiosidad en lugar de la crítica y trata de esclarecer el motivo de porqué te afecta tanto.
- Utiliza técnicas de enraizamiento que te mantengan en el aquí y ahora para manejar la ansiedad.
Si tu cuerpo y tu mente han experimentado placer y relajación durante el período vacacional y esto contrasta mucho con tu rutina, el malestar que estás sintiendo nos está informando de que hay algo en tu día a día que no te hace sentir bien o que no te llena. Hacer cosas que nos hagan sentirnos bien es un pilar básico en nuestro autocuidado, y por lo tanto para nuestra autoestima. Por ello, al margen de lo conductual, lo que realmente es interesante es hacer introspección y reevaluar-se, hacer un ejercicio de honestidad con uno mismo para ver que aspectos de nuestra vida no nos están haciendo sentir bien.
